Durante muchos años construí marcas, empresas y experiencias propias y también para otras personas. Sin embargo, había algo que no terminaba de representar quién era realmente. Sabía cómo ayudar a otros a construir una marca sólida, pero todavía no había dedicado ese mismo proceso a mi marca personal.
Entonces decidí convertirme en mi propia clienta. No para diseñar un nuevo logo, sino para construir una marca que representara mi propósito, mi experiencia y mostrar la manera en la que realmente trabajo.
Así nació Vero Kolton y, con ella, el Método VK: un proceso que hoy utilizo con cada uno de mis clientes y mis proyectos, porque primero lo viví en primera persona. Este proyecto fue mucho más que un ejercicio de branding. Construí un ecosistema completo donde cada decisión respondiera a una misma estrategia: desde la identidad visual, el storytelling y la comunicación, hasta el diseño del estudio, el interiorismo, la arquitectura de los espacios, el recorrido del cliente, las producciones audiovisuales, la experiencia de cada reunión y la forma en la que la marca se vive antes incluso de comenzar a trabajar juntos.
Entendí que una marca no empieza cuando alguien entra a Instagram. Empieza mucho antes. Empieza en la percepción que construimos en cada detalle. Esa visión quedó re ejada en la losofía del estudio: potenciar profesionales y marcas a través de la estrategia, la imagen, la comunicación y las experiencias.